1
2
Anteriores

Cuatro gestos para tener una percepción mas positiva de la VIDA

sábado, 14 de octubre de 2017 a las 21:05 h

Con la moda del coaching y de la psicología positiva han entrado en circulación recetas prácticas que prometen hacernos sentir mejor y convertirnos en personas más felices. Aunque son procedimientos sencillos y no por ello menos eficaces, algunos escépticos desconfían de estas teorías relacionadas con el comportamiento y piden “más ciencia”. Pues bien: resulta que para ellos también existen algunos rituales con los que amplificar ese sentimiento subjetivo de bienestar que llamamos felicidad, ya que sus argumentos están amparados por la neurociencia.

 

En el libro The Upward Spiral, el neurocientífico e investigador Alex Korb aborda la depresión desde la neurología aplicada a la vida cotidiana, una perspectiva muy diferente de la que estamos acostumbrados. Su teoría parte de todos esos entresijos e intercambios químicos que tienen lugar entre neuronas y neurotransmisores y que a los demás nos suenan demasiado científicos como para asimilarlos tan fácilmente. Pero el propósito de este profesor de la Universidad de California (UCLA), en EE UU, es el de hacernos entender cómo, con pequeños cambios, podemos influir en nuestro estado de ánimo. El autor habla de crear una “espiral ascendente” con la que ir generando cambios positivos que nos alejen de esa actitud negativa que nosotros producimos y que nos conduce hacia la tristeza y el malestar. Para conseguirlo, Korb relaciona cuatro rituales:

 

1. Hacer una lista de cosas por las que nos sentimos agradecidos

Sentirse mal es una tendencia, pero darle la vuelta a la tortilla es tan sencillo como preguntarse: “¿Por qué cosas me siento agradecido?”. Al hacerlo, Korb asegura que se consigue aumentar la densidad de las neuronas y la inteligencia emocional, lo cual ayuda a mejorar las relaciones personales. Pero además, y muy importante, incrementa la presencia y actividad de la serotonina y de la dopamina –sustancias involucradas tanto en la motivación como en la sensación de placer y felicidad– en los centros de recompensa del cerebro. Pero el investigador de la UCLA no ha sido el único en buscar maneras de aumentar los niveles de estas prescindiendo de medicamentos. Actualmente existen teorías que relacionan su presencia en el cerebro con nuestra alimentación. Sin ir más lejos, se ha demostrado que la cerveza es una liberadora natural de dopamina. Lo descubrieron en un estudio neurofarmacológico de la Escuela de Medicina de la Universidad de Indiana. Su director, el profesor de Neurología David A. Kareken, comprobó que un solo trago de esta bebida aumenta la producción de este neurotransmisor.

 

2. Identificar la emoción

Darle nombre e incluso etiquetar lo que sentimos ayuda mucho más que reprimirse o disimular fingiendo que nada sucede. En este último caso quizá consigamos engañar a alguien, aunque no lograremos aplacar nuestro hiperexcitado sistema límbico (el encargado de regular las emociones). Verbalizar las inquietudes mediante categorías o metáforas produce unos cambios mucho más significativos en nuestro cerebro: “Reconocerlas conscientemente reduce su impacto”, explica Kevin N. Ochsner, neurocientífico de la Universidad de Columbia. Por otra parte, Moria J. Smoski, del Centro Médico de la Universidad de Duke, realizó una investigación junto a un grupo de colaboradores en el que sometieron a resonancias magnéticas a varios individuos para estudiar su actividad cerebral; los resultados arrojaron que los desórdenes del ánimo se reflejaban en alteraciones de la actividad del sistema límbico. Al igual que Ochsner, encontraron que la aceptación de las emociones ayuda a regular su efecto negativo. Esta es una de las razones por las que esta práctica se utiliza con éxito en el tratamiento de la depresión con psicoterapia.

 

3. Tomar decisiones

Cuando decidimos algo, cerramos un episodio angustioso de incertidumbres y miedo al posible fracaso vinculado a la opción que vayamos a tomar: apostamos por una carta y estamos dispuestos a asumir las consecuencias. Eso en el plano mental. En el cerebral, tomar decisiones y establecer objetivos activa, según el neurocientífico, un mismo circuito cerebral dentro de la corteza prefrontal, y lo hace de forma positiva, reduciendo la ansiedad y el estrés. Pero hagamos un inciso: decidir no es siempre triunfar. Como bien ha indicado el eminente profesor de Psicología Positiva de Harvard Tal Ben-Shahar, “la perfección es la enemiga de la felicidad”. Bastará con tomar decisiones lo suficientemente buenas. Para ello, nada como entrenarse en meditación: en el año 2014, la revista Psychological Science ya publicó los beneficios de esta práctica a partir de las investigaciones de Andrew C. Hafenbrack.

 

4. Abrazar sin pudor

En la edad adulta perdemos la costumbre infantil de abrazar a otra persona, y con ello prescindimos también de uno de los ejercicios más simples de la vida con los que secretaremos hormonas implicadas en combatir el dolor, como la oxitocina. El contacto físico con otras personas es más importante de lo que podamos pensar. Un abrazo largo y sentido nos dará sensación de bienestar y nos hará sentir queridos y a salvo, en parte por la liberación de endorfinas y dopamina. Pero además, ayuda a mejorar el sistema inmunológico. Esto se ha comprobado empíricamente. Sheldon Cohen, profesor de Psicología y director del laboratorio del estudio de Estrés, Inmunidad y Enfermedad de la universidad americana Carnegie Mellon (Pensilvania, EE UU), analizó el efecto de estas muestras de afecto en 404 personas. Los resultados de su investigación, publicada en Psychological Science hace unos meses, sugieren, según sus propias palabras, que “sentir un abrazo de alguien en quien confiamos es una manera efectiva de reducir el estrés, y que aquellos que reciben más abrazos están de algún modo más protegidos frente a las infecciones”.

Comparte esta noticia

Escuela de Verano 2017

lunes, 22 de mayo de 2017 a las 18:09 h

Vuelve otro año mas nuestra oferta para este Verano!

 

Ven y emciónate con nosotros a la vez que trabajas tus fortalezas y tus inteligencias múltiples.

 

Para más información contacten con info@emoe.es o llamen sin ningún compromiso al 687667307. CONTACTO

 

Hoja de Inscripción: https://drive.google.com/open?id=0B6iUSPqmRG9XUHNxczNIWU4xYVU

Dossier informativo: https://drive.google.com/open?id=0B6iUSPqmRG9XTUN6TDFQMjEyOWs

Proyecto Escuela de Verano 2017 https://drive.google.com/open?id=0B6iUSPqmRG9XeG04RDlTam5naVk

 

 

 

Comparte esta noticia

La Frustración

domingo, 14 de mayo de 2017 a las 2:00 h

La frustración

La frustración es un sentimiento que engloba sensaciones de desilusión, tristeza, decepción, desesperación e incluso enfado y rabia, que aparece ante la imposibilidad de lograr un deseo o necesidad. Es un tipo de respuesta emocional que surge como resultado de un conflicto psicológico fruto de una decepción que no se ha gestionado bien.

La frustración es una respuesta emocional natural, que forma parte de nuestro repertorio habitual pero que si no la gestionamos de manera adecuada, sino aprendemos a tolerar ciertos grados de frustración, puede tener consecuencias negativas. Resulta imprescindible educar para la tolerancia a la frustración.

 

¿Por qué aparece la frustración?

La frustración es una respuesta emocional y por lo tanto es personal y tendrá diversas manifestaciones dependiendo de la persona que la experimente, también sus causas pueden variar de un individuo a otro. Algunas personas se sentirán frustradas ante determinadas situaciones y en cambio otras no experimentarán está sensación.

La frustración y su aparición vienen determinadas por el desarrollo de cada persona, es decir por las experiencias vividas en la niñez y adolescencia. Las diferentes situaciones, sirven de aprendizaje para la vida, son una especie de entrenamiento, según como hayan sido estás nos pueden preparar para la frustración o hacernos más vulnerables a sus consecuencias negativas.

Las exigencias que nos ponemos a nosotros mismos y la interpretación de los logros o los fracasos es otro factor que determina el nivel de frustración experimentado y también se desarrolla durante la infancia y la adolescencia. Son, por lo tanto, éstas etapas claves para educar en la tolerancia a la frustración.

 

Educar para la tolerancia a la frustración

La frustración aparece ante diversas situaciones, la diferencia para que una situación genere o no frustración no está en la situación, sino en la persona y en cómo interpreta la misma y en cómo se siente con ella. Por ello es fundamental educar a los niños y las niñas para prepararlos para afrontar la frustración, para aprender a tolerarla.

No podemos evitarles las situaciones que generan frustración, las decepciones, el no lograr el éxito en el momento deseado forman parte de la vida. Pero lo que si podemos hacer es prepararles para no dejarse vencer por la frustración, para que sigan intentándolo y aprendan de sus errores, para que, a pesar de las desilusiones sean capaces de levantarse y avanzar. En definitiva podemos, y debemos educarles para tolerar la frustración.

 

Pautas para educar para tolerar la frustración

  1. No les evites las desilusiones o las decepciones. No se trata tampoco de lo contrario, no debemos tampoco crearles decepciones, sino dejar que si por alguna razón se las encuentran en su camino, aprendan y desarrollen estrategias para tolerar esas emociones, para gestionarlas.
  2. En lugar de evitarles la decepción, apóyales en esos momentos, habla con ellos, deja que expresen sus sensaciones y emociones.
  3. Ayúdales a enfrentarse a las desilusiones, habla con ellos, hazles ver que es algo normal y que pueden avanzar.
  4. No hagas las cosas por ellos, si les evitamos enfrentarse a situaciones no desarrollaran nunca la tolerancia a la frustración.
  5. Cuidado con la sobreprotección, si les sobreprotegemos les hacemos más vulnerables a las frustraciones.

 

Claves para la intervención

Identificar la fuente del problema:

  • ¿Está el niño demasiado cansado?
  • ¿Tiene el niño un horario demasiado repleto?
  • ¿Es el niño perfeccionista?
  • ¿Puede el niño identificar su frustración?
  • ¿Estamos exigiéndole demasiado?
  • ¿Tiene el niño oportunidades para el éxito?

Aprender nuevas reacciones a la frustración. Debemos enseñar a los niños formas positivas de hacer frente a estos sentimientos, para ello, podemos utilizar distintas estrategias:

  1. Enseñar técnicas de relajación. Todos hacemos frente de una forma más positiva si estamos relajados. Debemos enseñar a los pequeños a elevar su tolerancia a la frustración con la relajación del cuerpo.
  2. Enseñar a identificar el sentimiento de frustración cuando aparezca. Por ejemplo, “Juan está rabioso porque no ha hecho bien esta resta. Inténtalo con otra, tómate más tiempo”.
  3. Enseñar al niño cuándo debe pedir ayuda. A algunos niños les cuesta pedir ayuda, mientras que otros la piden constantemente y de inmediato. Debemos enseñar al niño a intentar encontrar la solución primero. Se le dirá: “pruébalo otra vez”. Si el niño no sabe lo que tiene que hacer, y lo intenta, podría ya pedir ayuda. Cuando el niño se siente frustrado en alguna tarea, debemos intentar enseñarle a evitar la frustración: “¿qué podrías hacer en lugar de enfadarte o abandonarlo?”.
  4. Representación de papeles. Se puede jugar con el niño a interpretar una situación frustrante. Por ejemplo, el niño tiene que hacer los deberes, pero quiere irse al parque. Primero el niño interpretará la frustración y luego lo opuesto. Se puede animar al niño para que hable consigo mismo de forma positiva y que busque una manera de resolver el problema.
  5. Reforzar las acciones apropiadas por parte del niño. Es importante elogiarlo cuando retarde su respuesta habitual de ira ante la frustración, y cuando utilice una estrategia apropiada.
  6. Modificar la tarea. Enseñar al niño una forma alternativa de alcanzar el objetivo. Cuando sea posible, se dividirá una tarea en pequeñas partes que puedan llevarse a cabo una a una.

Por último, una manera excelente de reflexionar conjuntamente es usando los cuentos como herramienta. Os compartimos algunos cuentos buenísimos para trabajar la frustración.

Hay dos tipos de cuentos que os vamos a recomendar:

1. El primer tipo son los que trabajan el AUTOCONOCIMIENTO, es decir , identificar el sentimiento que nos provoca la frustración (que como hemos dicho es una actitud): rabia, angustia tristeza.

  • La cola del dragón. Mireia Canals (Este cuento es muy, muy gráfico en identificar las consecuencias de la frustración. En concreto  la rabia. Javier siente rabia porque no consigue aquello que quiere, esta actitud es justamente la frustración.)
  • ¡Qué rabia de juego! Meritxell Martí (Tina ha perdido, es justamente el inicio del cuento, nos ayuda a entender que la rabia que siente es fruto de su frustración.)

2. El segundo es el que nos ayuda a la AUTOCONTROL: es decir a generar una estrategia de resolución efectiva, es decir, qué actitud debemos tener cuando algo no sale cómo esperábamos.

  • Sofía la vaca que amaba la música. Geoffroy de Pennart
  • El león que no sabía escribir. Martin Baltscheit

Fuente 1: Educa y Aprende (Celia Rodríguez Ruiz, Psicóloga y Pedagoga)

Fuente 2: ActualPsico

Fuente 3: Cuentos para crecer

Comparte esta noticia

La Sorpresa

martes, 9 de mayo de 2017 a las 2:00 h

La sorpresa es una emoción que en un primer momento, nos podría parecer de poco interés psicológico/psicopatológico. Sin embargo, en la medida que la conocemos, vemos que es una emoción muy importante, debido a su función adaptativa en el medio natural (nos permite afrontar situaciones inesperadas). Muchas veces es también una respuesta adaptada al medio social, aunque otras veces si está mal regulada, resulta como en las otras emociones, en una respuesta conductual (ya sea conducta externa, verbal o de pensamiento) disfuncional o patológica.

 

Sentir sorpresa

 

Cuando en sesiones de psicoterapia procedo a explicar las emociones básicas (sorpresa, alegría, asco, miedo, tristeza e ira), los clientes con cierta facilidad, identifican las emociones “problema” de su propio caso. Las emociones mal reguladas que son más fácilmente identificadas, son la tristeza, el miedo y la ira, que traducidas en trastornos clínicos se asocian a estados depresivos, ansiosos y de conductas de tipo agresivo, respectivamente.

 

Por lo general, en este punto, la sorpresa queda olvidada, no es identificada. No se tiene en cuenta. Es por eso, porque resulta bastante ignorada, que pienso que conocerla, entenderla y aprenderla a regular adecuadamente, es en realidad de gran interés psicológico.

Empecemos pues, por recordar qué función tiene esta emoción. Básicamente, la sorpresa es la emoción que se activa cuando aparece una NOVEDAD, un acontecimiento repentino e inesperado, ya sea externo (cuando nos felicitan con un regalo) o interno/cognitivo (cuando nos acordamos de un olvido que hemos tenido). Su función es la de PRESTAR ATENCION, preparar al individuo para que dedique toda su atención al objeto de la sorpresa, para poder afrontar de forma efectiva los acontecimientos inesperados. Se trata de una emoción que provoca un rápido aumento de la actividad cognitiva, en el sentido que al activarse el SISTEMA DE ALERTA, empezamos a procesar y evaluar la información provocada por la sorpresa. Así pues, la emoción precede al pensamiento.

 

La sorpresa es la emoción que ANTECEDE a las otras. Es una respuesta de MUY CORTA DURACION, que rápidamente DERIVA EN OTRA EMOCION. Así por ejemplo, cuando nos sorprenden con una visita inesperada de alguien que queremos mucho, experimentamos sorpresa-alegría. Cuando nos acordamos del olvido de una cita importante con nuestro jefe, experimentamos sorpresa-miedo. Cuando de repente alguien nos habla de forma descortés, experimentamos sorpresa- ira.

 

Así pues, la sorpresa es la emoción de duración más breve. Si ésta, durara ya minutos, empezaría a ser disfuncional. Cuando sentimos sorpresa estamos en un estado de desorientación.

 

Los humanos necesitamos anticipar los acontecimientos, o sea, imaginar o saber qué va a pasar en un momento dado. Esto nos aporta seguridad, conocimiento y nos permite afrontar la situación, aparentemente con grandes posibilidades de éxito, ya que el no saber cómo reaccionar en una situación nos paraliza. De esta forma anticipamos para poder prevenir, para no sorprendernos.

Cuando yo cruzo un semáforo en verde, anticipo lo que va a ocurrir, o sea, que puedo pasar la calle sin peligro. Pero imaginemos, que en este caso, por desgracia, veo que un coche se avalancha sobre mí (acontecimiento inesperado). Lo primero que experimentaré será SORPRESA, que me pondrá en un estado de alerta para poder evaluar la información de lo que sucede (es un proceso automático) y poder actuar al respecto, en este caso, intentar dar un salto para atrás.

 

De esta forma, vemos que anticipar es una actividad mental básica para poder afrontar las situaciones. Sin embargo, en el ejemplo que precede, la anticipación que hace la persona que va a cruzar la calle (ahora no hay peligro, puedo), no ha podido prevenir el encuentro inesperado, que además ha resultado en un atropello. Así, aparece un acontecimiento traumático, que fácilmente puede resultar en la aparición de un Trastorno por Estrés Postraumático. El trastorno por Estrés Postraumático, sumerge al individuo en un estado de fuerte ansiedad, en el que llega a paralizar al individuo que lo sufre, al ver, en este caso, que su anticipación para prevenir (cruzar en verde) ha sido invalidada por un encuentro inesperado (atropello). De esta forma, la persona, posteriormente al accidente, puede mantener un estado de “mantener la atención de forma exagerada” sorpresa y miedo, cada vez que vaya a cruzar la calle, a la vez que puede también experimentar sueños repetitivos en que se producen accidentes viales (el acontecimiento inesperado traumático), reexperimentando la emoción de sorpresa, seguida por el miedo o terror.

 

No es necesario sufrir un acontecimiento inesperado traumático para afirmar que hay una gran cantidad de personas con dificultades para gestionar la emoción de la sorpresa. Por ejemplo, personas que en terapia, decimos tienen la necesidad de tener el control de las situaciones, son personas que luchan contra las sorpresas, anticipando todo tipo de posibilidad y evidentemente, pudiendo llegar a paralizarse en la evaluación o afrontamiento de la situación imprevista. Entonces, pueden actuar de forma agresiva, de forma evitativa…

Personas muy perfeccionistas, personas con tendencias de tipo obsesivo y personas con fobias, tienen dificultades para regular dicha emoción. Por lo que esta respuesta emocional se acaba convirtiendo en problema a la hora de gestionar su cotidianidad. Así, una persona con tendencias obsesivas que intenta anticipar todo acontecimiento (para evitar algo que le produce miedo), dándole vueltas y más vueltas, acaba por aumentar significativamente sus niveles de ansiedad llegando a un estado de “parálisis por el análisis”.

 

En fin, anticipar es una conducta mental humana que sirve para afrontar las situaciones desde el conocimiento. Sin embargo, cuando la persona anticipa fracasos (por falta de confianza), catástrofes, peligros…mantiene un estado de atención desmesurado que le nubla la razón para poder afrontar la situación de forma efectiva. Y de esta forma, su respuesta emocional y/o conductual es de miedo o pánico ante la situación nueva o imprevista.

 

A través de esta explicación sobre la emoción olvidada, pretendo dar a conocer su relevancia en el pódium de las 6 emociones básicas. Aprender de ella y regularla eficazmente es clave para vivir nuestra vida, que está llena de sorpresas. Así, intentar no caer en la sobrevaloración de las sorpresas, provocando un estado neurótico de anticipaciones que no nos permiten avanzar satisfactoriamente. Somos plenamente capaces de afrontar las situaciones imprevistas de la vida. Hace falta confianza en uno mismo.

 

Laia Oliva

Psicóloga-Psicoterapeuta.

 

FUENTE: Dr Romeu

Comparte esta noticia

La emoción más injustamente tratada: el asco

martes, 9 de mayo de 2017 a las 2:00 h

Hace una noche estupenda. Has ido a ese restaurante que te gusta tanto y has pedido tu plato favorito. Lo estás esperando hambrienta y con ganas hasta que finalmente llega. Empiezas a comer y de repente te percatas de que hay un bicho medio muerto, asqueroso y horrible en tu plato y has estado a punto de comértelo.

 

Una sensación desagradable pero sumamente protectora recorre tu ser: es el asco. En solo unos segundos has pasado de tener un hambre voraz a no querer volver a ese restaurante que te gustaba nunca más, y por supuesto a no querer cenar esa noche.

Como todas las emociones, el asco también tiene su función. Al igual que el miedo nos protege de diferentes estímulos peligrosos que pueden comprometer nuestra vida, el asco también es una emoción básica y universal necesaria para asegurar la supervivencia del organismo ya que lo protege de la ingestión oral de sustancias y objetos peligrosos para el organismo o del contagio de enfermedades.

En este sentido, puede parecer que miedo y asco son emociones muy relacionadas… ¿Quién no ha visto una cucaracha en casa y ha sentido miedo y asco a la vez?, pero ciertamente son emociones diferenciadas.

 

Se podría decir que el asco precede al miedo. Yo puedo sentir asco hacia un alimento en descomposición y sentiré miedo si finalmente lo ingiero y corro el riesgo de enfermar y morir. Gracias al asco y la evitación o repulsión que conlleva, será bastante más improbable que finalmente ingiera ese alimento en mal estado.

 

Es interesante señalar que cuando generamos ciertas emociones, se producen también respuestas a nivel cognitivo, a nivel fisiológico y a nivel conductual. Muchas veces, dependiendo de estas respuestas podemos concluir si estamos o no frente a un trastorno psicológico.

A nivel fisiológico podemos sentir náuseas, activación del sistema nervioso parasimpático, mareos…como una reacción natural del cuerpo a alejarse de ese estímulo. Por último, a nivel conductual llevamos a cabo claras conductas de repulsión, escape y expresiones faciales típicas y universales que nos sirven para comunicar nuestro desagrado.

 

Por otro lado, se ha comprobado como el asco, además de ser una emoción básica y común a todas las especies, en el ser humano tiene una particularidad y es que ha sido una emoción “ampliada” por las influencias sociales y culturales.

Por ejemplo, hay personas que sienten asco –o así lo expresan- cuando ven a dos individuos del mismo sexo haciendo el amor o personas que la primera vez que prueban el tabaco sienten asco, pero por ciertas influencias siguen consumiéndolo hasta hacerse adictos.

 

Por último y haciendo referencia a los trastornos psicológicos, se ha visto como la emoción exagerada de asco puede llevar a ciertas personas a padecer ciertas fobias específicas sobre todo con animales considerados como repugnantes que asociamos con la suciedad (gusanos, cucarachas, arañas…).

 

Otra línea de investigación ha asociado la emoción de asco con el trastorno obsesivo compulsivo (TOC). La mitad de los pacientes con TOC son aquellos que experimentan una sensación sumamente desagradable cuando piensan que si tocan determinados objetos o están en determinadas situaciones se van a contaminar y entonces necesitan llevar a cabo la compulsión de lavarse como una manera de evitar la enfermedad y asegurar la supervivencia.

 

Según estas investigaciones, es posible que muchos trastornos de ansiedad estén más relacionados con la emoción de asco que con la propia de ansiedad o miedo. Solo la ciencia nos ayudará a descubrirlo.

 

FUENTE: La mente es maravillosa

Comparte esta noticia
1
2
Anteriores
Síguenos en las Redes Sociales