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Lista de 270 emociones humanas (positivas, negativas)

miércoles, 22 de enero de 2020 a las 19:23 h

Las emociones son experiencias relativamente breves y conscientes caracterizadas por una intensa actividad mental y un alto grado de placer o displacer. La emoción suele estar relacionada con el humor, temperamento, personalidad, disposición y motivación.

En algunas teorías, la cognición es una parte importante de la emoción. Las personas que actúan guiándose por las emociones pueden creer que no piensan, pero los procesos mentales son esenciales, particularmente la interpretación de eventos.

 

Por ejemplo, creer que una situación es peligrosa hará que se active el sistema nervioso (sudor, tensión muscular, aceleración de la respiración) y se sienta miedo. Sin embargo, otras teorías defienden que la emoción es una parte separada y precede a la cognición.

De acuerdo a algunas teorías, las emociones son un estado sentimental que resulta en cambios físicos y psicológicos que influyen en nuestro comportamiento. La fisiología de la emoción está relacionada con la activación del sistema nervioso.

La emoción también esta relacionada con la tendencia comportamental. Las personas extrovertidas son más predispuestas a ser sociales y expresar sus emociones, mientas que las personas introvertidas son más proponsas a retirarse socialmente y no expresar sus emociones.

Las investigaciones sobre las emociones han aumentado significativamente en los dos últimas décadas con muchos campos contribuyendo a su estudio: psicología, neurociencia, endroquinología, medicina, historia, sociología y ciencia computacional.

 

¿Cuántas emociones hay?

Aunque se conoce que hay 6 tipos de emociones básicas – miedo, ira, asco, tristeza, sorpresa y alegría-, la investigación de Paul Eckman ha mostrado que la cara humana es capaz de crear más de 7000 expresiones faciales diferentes.

Parece que las emociones básicas sirven como la base para todas las emociones complejas y sutiles que componen la experiencia humana.

 

Listado de emociones del ser humano

A continuación te dejo un listado con las emociones del ser humano. Están divididas según tres apartados: emociones positivas, emociones negativas y emociones variables. Como su propio nombre indica, estas últimas pueden variar dependiendo de la situación en la que se den.

 

Emociones positivas

  1. Amor
  2. Alegría
  3. Generosidad
  4. Gozo
  5. Afecto
  6. Júbilo
  7. Compasión
  8. Esperanza
  9. Libertad
  10. Logro
  11. Justicia
  12. Agradecimiento
  13. Aceptación
  14. Acompañamiento
  15. Bondad
  16. Admiración
  17. Apreciacion
  18. Benevolencia
  19. Amabilidad
  20. Alivio
  21. Orgullo
  22. Empatía
  23. Integridad
  24. Apego
  25. Aprobación
  26. Suficiencia
  27. Armonía
  28. Honestidad
  29. Humildad
  30. Concentración
  31. Templanza
  32. Tolerancia
  33. Motivación
  34. Felicidad
  35. Firmeza
  36. Fortaleza
  37. Autonomia
  38. Honorabilidad
  39. Optimismo
  40. Satisfacción
  41. Seguridad
  42. Simpatía
  43. Cariño
  44. Estima
  45. Comprensión
  46. Entusiasmo
  47. Solidaridad
  48. Respeto
  49. Pasión
  50. Paz
  51. Placer
  52. Compromiso
  53. Fervor
  54. Competencia
  55. Plenitud
  56. Omnipotencia
  57. Encanto
  58. Euforia
  59. Éxtasis
  60. Ilusión
  61. Interés
  62. Confianza
  63. Cuidado
  64. Apoyo
  65. Contento
  66. Dignidad
  67. Enérgico
  68. Alborozo
  69. Vitalidad
  70. Complacencia

Emociones negativas

  1. Necesidad
  2. Tristeza
  3. Melancolía
  4. Abandono
  5. Aburrimiento
  6. Abuso
  7. Ausencia
  8. Desmotivación
  9. Asustado
  10. Amargura
  11. Angustia
  12. Agresión
  13. Agobio
  14. Ansiedad
  15. Asco
  16. Vacilación
  17. Valentía
  18. Fastidio
  19. Venganza
  20. Vergüenza
  21. Vacío
  22. Hastió
  23. Hostilidad
  24. Humillación
  25. Temor
  26. Terquedad
  27. Terror
  28. Traición
  29. Lastima
  30. Manipulación
  31. Menosprecio
  32. Mezquindad
  33. Miedo
  34. Molestia
  35. Fasticio
  36. Fobia
  37. Fracaso
  38. Fragilidad
  39. Frustración
  40. Furia
  41. Soledad
  42. Rencor
  43. Rabia
  44. Recelo
  45. Panuco
  46. Imperturbabilidad
  47. Parálisis
  48. Pavor
  49. Preocupación
  50. Prepotencia
  51. Pudor
  52. Desprotección
  53. Pesimismo
  54. Incongruencia
  55. Pena
  56. Pereza
  57. Pesadumbre
  58. Odio
  59. Enfado
  60. Engaño
  61. Estrés
  62. Duelo
  63. Enjuiciamiento
  64. Enojo
  65. Envidia
  66. Ofendido
  67. Espanto
  68. Entristecimiento
  69. Estupor
  70. Impaciencia
  71. Desconfianza
  72. Impotencia
  73. Desconcierto
  74. Incapacidad
  75. Incompatibilidad
  76. Incomprensión
  77. Desventura
  78. Indignación
  79. Inestabilidad
  80. Infelicidad
  81. Inferioridad
  82. Injusticia
  83. Destrucción
  84. Desamor
  85. Insatisfacción
  86. Inseguridad
  87. Insuficiencia
  88. Intolerancia
  89. Ira
  90. Irritación
  91. Celos
  92. Culpa
  93. Censura
  94. Cólera
  95. Contrariedad
  96. Dependencia
  97. Depresión
  98. Derrota
  99. Desaliento
  100. Desamparo
  101. Desánimo
  102. Desasosiego
  103. Desconsideración
  104. Abatimiento
  105. Desconsuelo
  106. Desdicha
  107. Resquemor
  108. Desencanto
  109. Desesperación
  110. Desgano
  111. Desilusión
  112. Desolación
  113. Petrificación
  114. Desorientación
  115. Desprecio
  116. Hambruna
  117. Desprestigio
  118. Desvalimiento
  119. Devaluación
  120. Dolor
  121. Disgusto
  122. Lástima
  123. Desidia
  124. Disforia
  125. Exasperación
  126. Remordimiento
  127. Agravio
  128. Obnubilación
  129. Aflicción
  130. Decepción

Emociones variables

  1. Nostalgia
  2. Añoranza
  3. Lujuria
  4. Unidad
  5. Atracción
  6. Alarma
  7. Asombro
  8. Valentía
  9. Alteración
  10. Soberbia
  11. Vulnerabilidad
  12. Valoración
  13. Tentación
  14. Paciencia
  15. Sorpresa
  16. Ambivalencia
  17. Ternura
  18. Deseo
  19. Timidez
  20. Tranquilidad
  21. Arrepentimiento
  22. Paranoia
  23. Turbación
  24. Frenesí
  25. Confusión
  26. Serenidad
  27. Sometimiento
  28. Sumisión
  29. Sosiego
  30. Rebeldía
  31. Rechazo
  32. Pertenencia
  33. Compromiso
  34. Dicha
  35. Repudio
  36. Resentimiento
  37. Reserva
  38. Persecución
  39. Obligación
  40. Ostentación
  41. Excitación
  42. Dominación
  43. Extrañeza
  44. Inconformidad
  45. Incredulidad
  46. Resignación
  47. Indiferencia
  48. Intrepidez
  49. Intriga
  50. Invasión
  51. Impulsivo
  52. Calma
  53. Consuelo
  54. Inquietud
  55. Correspondencia
  56. Curiosidad
  57. Cercanía
  58. Congoja
  59. Duda
  60. Desdén
  61. Regocijo
  62. Exaltación
  63. Codescendencia
  64. Ecuanimidad
  65. Apatía
  66. Inspiración
  67. Seriedad
  68. Trance
  69. Obstinación
  70. Arrojo

 

VIA LIFEDER https://www.lifeder.com/lista-emociones/

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Aunque no lo creas, es bueno que tu hijo te diga mentiras

domingo, 17 de noviembre de 2019 a las 12:13 h

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¿Deberían preocuparse los padres cuando sus hijos comienzan a engañarlos?

Es muy probable que la mayoría de nosotros responda que sí. Creemos que la honestidad es un imperativo moral e intentamos inculcar esta creencia en nuestros hijos. Los cuentos clásicos moralistas como Pedro y el lobo y Pinocho hablan de los peligros de la deshonestidad y en ocasiones se piensa que los niños que dicen muchas mentiras o que comienzan a mentir desde que son muy pequeños tienen un desarrollo anormal que los predispone a causar problemas más adelante en su vida.

 

Sin embargo, hay estudios que muestran que es todo lo contrario: mentir no solo es normal, también es una señal de inteligencia.

Algunos estudios han descubierto que los niños pueden darse cuenta de las mentiras y mentir desde que tienen apenas 2 años. En un experimento, se les pidió a los menores no dar un vistazo a un juguete escondido detrás suyo mientras el investigador se iba de la habitación diciendo cualquier pretexto. Minutos después, el investigador regresaba y le preguntaba al niño si había echado un vistazo o no.

 

Este experimento, diseñado por el psicólogo del desarrollo Michael Lewis a mitad de la década de 1980 y realizado con cientos de niños desde entonces, ha resultado en dos hallazgos que son consistentes incluso cuando se aplica con pequeños cambios. El primero es que la mayoría de los niños echará un vistazo al juguete a los pocos segundos de haberse quedado solo. El otro es que un número significativo de ellos miente al respecto. Al menos un tercio de los niños de 2 años, la mitad de los niños de 3 años y el ochenta por ciento o más de los niños de 4 años para arriba negarán su transgresión, sin importar cuál sea su género, etnicidad o la religión que profese su familia.

 

Los niños también son considerablemente buenos para mentir. En una serie de estudios adicionales con base en el mismo modelo experimental, se le mostró a una variedad de adultos —incluyendo a trabajadores sociales, maestros de escuela primaria, oficiales de policía y jueces— un video de niños que estaban mintiendo o diciendo la verdad sobre haber cometido una transgresión, con el objetivo de ver quién podía distinguir a los mentirosos. Sorprendentemente, ninguno de los adultos (ni siquiera los padres de los niños) pudo detectar las mentiras de manera constante.

 

¿Por qué algunos niños comienzan a mentir a edades más tempranas que otros? ¿Qué los distingue de sus compañeros más honestos? Para ser breves, la respuesta es que son más listos.

 

El profesor Lewis descubrió que los niños pequeños que mienten sobre haber echado un vistazo al juguete tienen un coeficiente intelectual verbal mayor que el de aquellos que no mienten; la diferencia es de hasta diez puntos. (De hecho, los niños que no echan el vistazo al juguete son los más inteligentes de todos, pero son una excepción).

 

Otra investigación mostró que los niños que mienten tienen mejores “funciones ejecutivas” —facultades y habilidades diversas que nos permiten controlar nuestros impulsos y que nos mantienen enfocados en una tarea—, así como una capacidad intensificada para ver el mundo a través de los ojos de otros —un indicador clave de desarrollo cognitivo conocido como la teoría de la mente—. (Es algo revelador que los niños con trastorno de déficit de atención e hiperactividad, que se caracterizan por contar con una funcionalidad ejecutiva más débil, y aquellos con trastornos del espectro autista, que se caracterizan por tener problemas en cuanto a la teoría de la mente, tienen dificultades para mentir). Los pequeños mentirosos incluso son más equilibrados emocionalmente y adeptos socialmente, según estudios recientes en estudiantes de preescolar.

 

Al psicólogo Kang Lee, que ha estudiado el engaño en niños por más de dos décadas, le gusta decirles a los padres que si descubren a su hijo mintiendo a los 2 o 3 años, deberían celebrarlo. Pero si tu hijo está quedándose atrás, no te preocupes: puedes acelerar el proceso.

Capacitar a los niños en funcionalidad ejecutiva y en la teoría de la mente mediante diversos juegos interactivos y ejercicios en los que desempeñan algún rol puede convertir a los honestos en mentirosos en cuestión de semanas, según descubrió el profesor Lee. Y enseñar a los niños a mentir mejora sus calificaciones en pruebas de funcionalidad ejecutiva y teoría de la mente. En otras palabras, mentir es bueno para tu cerebro.

 

Los descubrimientos suenan paradójicos para los padres. Queremos que nuestros hijos sean lo suficientemente listos para mentir, pero también moralmente reacios a hacerlo. Además, hay momentos en los que la seguridad del niño depende de que nos digan la verdad, como en casos que involucran maltrato o abuso. ¿Cómo podemos hacer que nuestros hijos sean honestos?.

 

En general, motivarlos con incentivos funciona mejor que hacerlo con amenazas. Los castigos severos como los golpes tienen efectos reducidos en cuanto a disuadir la mentira, según indican los estudios, y además pueden ser contraproducentes. En un estudio, el profesor Lee y la psicóloga del desarrollo Victoria Talwar compararon los comportamientos honestos de niños en edad preescolar de África occidental de dos diferentes escuelas: una empleaba medidas punitivas, como castigos corporales, para disciplinar a sus estudiantes y otra favorecía los métodos más contenidos, como reprimendas verbales y visitas a la dirección. Los estudiantes de la escuela más severa fueron más propensos a las mentiras y también mucho mejores para mentir.

 

Por su parte, los profesores Lee y Talwar descubrieron que el ser testigo de cómo los demás reciben halagos por ser honestos y extenderles a los menores invitaciones no punitivas para que digan la verdad —por ejemplo: “Si me dices lo que realmente pasó, estaré muy agradecido contigo”— promueven un comportamiento honesto.

 

También funciona una simple promesa. Varios estudios muestran que los niños, incluso aquellos que ya tienen 16 años, son menos propensos a mentir acerca de sus fechorías y las de otras personas si antes prometieron decir la verdad; es un resultado que se ha replicado en varios análisis. La psicoterapeuta Angela Evans también descubrió que los niños son menos propensos a echar un vistazo al juguete mientras el investigador deja la habitación si antes prometen no hacerlo. Curiosamente, esto funciona incluso con niños que no saben el significado de la palabra “promesa”. Simplemente establecer un acuerdo verbal –“Diré la verdad”— logra el cometido. Parece ser que para cuando dejan de ser bebés los niños ya entienden el significado de hacer un compromiso verbal con otra persona.

 

En cuanto a aquellos cuentos o fábulas con moralejas, te conviene evitar los de mayores amenazas. El profesor Lee y otros descubrieron que leer historias a los niños acerca de los peligros del engaño, como Pedro y el lobo y Pinocho, no logran disuadirlos de mentir. Por otro lado, leerles historias en las que la honestidad es laudada —la fábula del padre fundador estadounidense George Washington y un cerezo, por ejemplo—, sí reduce la cantidad de mentiras, aunque hasta cierto punto.

 

La clave para alentar un comportamiento honesto, tal y como lo afirman el profesor Lee y sus colegas, es dar mensajes positivos que enfaticen los beneficios de la honestidad en lugar de las desventajas del engaño.

 

Podrías también simplemente pagarles a tus hijos por ser honestos. En investigaciones que involucran a niños de 5 y 6 años, el profesor Lee y sus colegas añadieron un incentivo monetario para decir la verdad sobre una fechoría. Los niños ganaban dos dólares por mentir, mientras que confesar les otorgaba ganancias de cantidades que iban de cero a ocho dólares. La pregunta de la investigación era: ¿Cuánto cuesta la verdad?

 

Cuando la honestidad no pagaba nada, cuatro de cinco niños mentían. Esa cantidad casi no creció cuando el pago se aumentaba a dos dólares, la misma ganancia que mentir. No obstante, cuando la honestidad se compensaba 1,5 veces más que el valor de la mentira –tres dólares en lugar de dos— la balanza se inclinaba a favor de la verdad. En otras palabras, la honestidad se puede comprar, pero a precio mayor. El profesor Lee descubrió que el valor absoluto en dólares es irrelevante; lo que importa es el valor relativo: la tasa de cambio entre la honestidad y deshonestidad, por llamarlo de alguna manera.

 

“Su decisión de mentir es táctica”, dijo el profesor Lee. “Los niños están pensando en términos proporcionales”. Niños listos, sin duda.

 

VIA THE NEW YORK TIMES: https://www.nytimes.com/es/2018/01/09/ninez-crianza-mentir-desarrollo/

 

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CUESTIONARIO

domingo, 6 de octubre de 2019 a las 16:59 h

 

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CORTO DE ANIMACIÓN IDEAL PARA TRABAJAR EL LENGUAJE CORPORAL

jueves, 26 de septiembre de 2019 a las 20:21 h

CORTO DE ANIMACIÓN IDEAL PARA TRABAJAR EL LENGUAJE CORPORAL

 

El uso de un cortometraje puede ayudarnos mucho en nuestras sesiones para trabajar la expresión verbal pero también para entender ese otro tipo de lenguaje no verbal, el lenguaje corporal.
Me encanta cortos ya lo sabéis pero de entre todos, elegiría este como el más idóneo para trabajar el lenguaje corporal.
El tema del corto: chico conoce a chica, ambos están haciendo fotos, y van juntos. No hay diálogo, toda la escena se transmite a través del lenguaje corporal, las acciones, la mirada, y las expresiones faciales. Es una obra de arte, cómo captura los gestos sutiles, de la mirada y las expresiones faciales.

 

https://www.youtube.com/watch?v=gxlJN8bk6yg

 

Os doy también recomendaciones de cómo usar este video con el gran grupo:

 

1º Pide a los alumnos que hagan escenas cotidianas sin usar palabras. Gestos del tipo: «Espera un momento» , como vemos en la imagen del corto.

 

http://3.bp.blogspot.com/-4Qln9dyfcWo/Vp0Pjj3tpBI/AAAAAAAApGA/AK9_o5gXJYY/s320/1.PNG

 

2º Detén el video en el momento justo para que los alumnos te explique lo piensa cada personaje en los diferentes escenarios basados en la mirada.

 

3. Haga que los alumnos vuelvan a contar la con palabras. Puede ser útil un  organizador gráfico creado sobre el video para ayudar a organizar el texto.

 

4. Ya que el corto no tiene diálogos , es ideal  para las inferencias. Las preguntas pueden ser simples como «¿Qué época del año sucede?» «¿En qué lugar transcurre la historia?» «¿Qué crees que le pasó a la cámara?» «¿Cómo crees que la chica llegó al otro lado del río?».

 

Vídeo encontrado en: http://chapelhillsnippets.blogspot.co.uk/

 

Via: PT AULA https://www.aulapt.org/2016/02/24/corto-de-animacion-ideal-para-trabajar-el-lenguaje-corporal/

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Cuatro gestos para tener una percepción mas positiva de la VIDA

sábado, 14 de octubre de 2017 a las 21:05 h

Con la moda del coaching y de la psicología positiva han entrado en circulación recetas prácticas que prometen hacernos sentir mejor y convertirnos en personas más felices. Aunque son procedimientos sencillos y no por ello menos eficaces, algunos escépticos desconfían de estas teorías relacionadas con el comportamiento y piden “más ciencia”. Pues bien: resulta que para ellos también existen algunos rituales con los que amplificar ese sentimiento subjetivo de bienestar que llamamos felicidad, ya que sus argumentos están amparados por la neurociencia.

 

En el libro The Upward Spiral, el neurocientífico e investigador Alex Korb aborda la depresión desde la neurología aplicada a la vida cotidiana, una perspectiva muy diferente de la que estamos acostumbrados. Su teoría parte de todos esos entresijos e intercambios químicos que tienen lugar entre neuronas y neurotransmisores y que a los demás nos suenan demasiado científicos como para asimilarlos tan fácilmente. Pero el propósito de este profesor de la Universidad de California (UCLA), en EE UU, es el de hacernos entender cómo, con pequeños cambios, podemos influir en nuestro estado de ánimo. El autor habla de crear una “espiral ascendente” con la que ir generando cambios positivos que nos alejen de esa actitud negativa que nosotros producimos y que nos conduce hacia la tristeza y el malestar. Para conseguirlo, Korb relaciona cuatro rituales:

 

1. Hacer una lista de cosas por las que nos sentimos agradecidos

Sentirse mal es una tendencia, pero darle la vuelta a la tortilla es tan sencillo como preguntarse: “¿Por qué cosas me siento agradecido?”. Al hacerlo, Korb asegura que se consigue aumentar la densidad de las neuronas y la inteligencia emocional, lo cual ayuda a mejorar las relaciones personales. Pero además, y muy importante, incrementa la presencia y actividad de la serotonina y de la dopamina –sustancias involucradas tanto en la motivación como en la sensación de placer y felicidad– en los centros de recompensa del cerebro. Pero el investigador de la UCLA no ha sido el único en buscar maneras de aumentar los niveles de estas prescindiendo de medicamentos. Actualmente existen teorías que relacionan su presencia en el cerebro con nuestra alimentación. Sin ir más lejos, se ha demostrado que la cerveza es una liberadora natural de dopamina. Lo descubrieron en un estudio neurofarmacológico de la Escuela de Medicina de la Universidad de Indiana. Su director, el profesor de Neurología David A. Kareken, comprobó que un solo trago de esta bebida aumenta la producción de este neurotransmisor.

 

2. Identificar la emoción

Darle nombre e incluso etiquetar lo que sentimos ayuda mucho más que reprimirse o disimular fingiendo que nada sucede. En este último caso quizá consigamos engañar a alguien, aunque no lograremos aplacar nuestro hiperexcitado sistema límbico (el encargado de regular las emociones). Verbalizar las inquietudes mediante categorías o metáforas produce unos cambios mucho más significativos en nuestro cerebro: “Reconocerlas conscientemente reduce su impacto”, explica Kevin N. Ochsner, neurocientífico de la Universidad de Columbia. Por otra parte, Moria J. Smoski, del Centro Médico de la Universidad de Duke, realizó una investigación junto a un grupo de colaboradores en el que sometieron a resonancias magnéticas a varios individuos para estudiar su actividad cerebral; los resultados arrojaron que los desórdenes del ánimo se reflejaban en alteraciones de la actividad del sistema límbico. Al igual que Ochsner, encontraron que la aceptación de las emociones ayuda a regular su efecto negativo. Esta es una de las razones por las que esta práctica se utiliza con éxito en el tratamiento de la depresión con psicoterapia.

 

3. Tomar decisiones

Cuando decidimos algo, cerramos un episodio angustioso de incertidumbres y miedo al posible fracaso vinculado a la opción que vayamos a tomar: apostamos por una carta y estamos dispuestos a asumir las consecuencias. Eso en el plano mental. En el cerebral, tomar decisiones y establecer objetivos activa, según el neurocientífico, un mismo circuito cerebral dentro de la corteza prefrontal, y lo hace de forma positiva, reduciendo la ansiedad y el estrés. Pero hagamos un inciso: decidir no es siempre triunfar. Como bien ha indicado el eminente profesor de Psicología Positiva de Harvard Tal Ben-Shahar, “la perfección es la enemiga de la felicidad”. Bastará con tomar decisiones lo suficientemente buenas. Para ello, nada como entrenarse en meditación: en el año 2014, la revista Psychological Science ya publicó los beneficios de esta práctica a partir de las investigaciones de Andrew C. Hafenbrack.

 

4. Abrazar sin pudor

En la edad adulta perdemos la costumbre infantil de abrazar a otra persona, y con ello prescindimos también de uno de los ejercicios más simples de la vida con los que secretaremos hormonas implicadas en combatir el dolor, como la oxitocina. El contacto físico con otras personas es más importante de lo que podamos pensar. Un abrazo largo y sentido nos dará sensación de bienestar y nos hará sentir queridos y a salvo, en parte por la liberación de endorfinas y dopamina. Pero además, ayuda a mejorar el sistema inmunológico. Esto se ha comprobado empíricamente. Sheldon Cohen, profesor de Psicología y director del laboratorio del estudio de Estrés, Inmunidad y Enfermedad de la universidad americana Carnegie Mellon (Pensilvania, EE UU), analizó el efecto de estas muestras de afecto en 404 personas. Los resultados de su investigación, publicada en Psychological Science hace unos meses, sugieren, según sus propias palabras, que “sentir un abrazo de alguien en quien confiamos es una manera efectiva de reducir el estrés, y que aquellos que reciben más abrazos están de algún modo más protegidos frente a las infecciones”.

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